¡Love, love, love! No more, no more! Sí, sí, sí… Jason Marz. ¡Qué grande esta canción! Hace tiempo que no la escuchaba y me he dado cuenta de que siempre puede haber alguien que te haga recordar cosas bonitas. Hoy empiezo un nuevo experimento. He leído por ahí que los estados depresivos favorecen el rendimiento. Es como si ese aislamiento al que nos auto sometemos diera su rendimiento en forma de concentración y productividad. Como si esa obsesión nos llevara a ser capaces de centrar nuestro rumbo y, de esa manera, conseguir un rendimiento mayor. Pues bien yo no estoy muy seguro, debe ser o bien porque no estoy en un estado depresivo o bien porque no consigo centrarme del todo, jajaja. En fin, en relación con esta teoría hay otra idea que viene muy a cuento: si estás enamorado hablarás fácilmente del amor y si estás con el corazón medio quebrado tendrás tinta suelta para contar desamores o para entenderlos. Quizá porque tampoco estoy en ninguno de esos dos estados, o tal vez porque vivo ambos a la vez, es que tengo una sensibilidad especial con las situaciones sentimentales. Nunca antes había conseguido entender el trasfondo de las pelis romanticonas ni por qué la gente se emociona al verlas. Pensaba que era un insensible pero ahora me he dado cuenta que hay emociones que si antes no las sufres no eres capaz de comprenderlas. No sé si me explico. Es como si para comprender el dolor hubieras de haberte caído alguna vez antes. Nada ni nadie puede decirte lo que duele algo si tú no lo has sufrido. Pero yo que soy un cabezota me empeño y te digo si has leído hasta aquí lo mejor que puedes hacer es apagar el cerebro, encender la sonrisa y proponerle un plan. ¡Disfruta!
Ciencias naturales pero ciencias
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